He escuchado muchos comentarios en las últimas horas acerca de personas que experimentaron un interminable abanico de emociones tras presenciar el fin de la historia del mago más célebre de la historia en la gran pantalla. Personalmente debo decirles que la conmoción a mí me duró lo que tardé en llegar a mi casa desde el cine, o sea media cuadra, gracias al conveniente lugar al que mi familia se mudó hace dos años. Pero no se confundan. No es que el final de la historia me haya pasado inadvertido, simplemente su versión cinematográfica.
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viernes, 15 de julio de 2011
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