martes, 26 de marzo de 2013

Luftslottet Som Sprängdes

Además de atender al mundo local, difundiendo nuestro cine argentino, como de prestar atención al plano exterior, con los festivales y premiaciones más importantes de la industria cinematográfica, El Guionista se había comprometido a culminar con aquellas trilogías que había comenzado a criticar. Ya había reseñado a Män Som Hatar Kvinnor y a Flickan Som Lekte Med Elden: hoy es el turno de Lufslottet Som Sprängdes (La Reina en el Palacio de las corrientes de Aire o The Girl Who Kicked The Hornet’s Nest), que marca mi regreso, no sólo a la nueva temporada de este cinéfilo blog, sino también al mundo de las historias divididas en tres partes y al cine escandinavo (puntualmente, al sueco) que tanto me atrae.


La pesadilla de Lisbeth Salander (Noomi Rapace) aún no termina. Luego de sufrir heridas graves, ella está internada en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Gotemburgo. Pero allí no es la única. A unas pocas habitaciones, se encuentra la persona que más odia en este mundo; el causante de las penurias que la han quejado durante toda su vida. Mientras tanto, Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) hará todo lo que esté a su alcance para ayudar a Lisbeth a sacarla de tan tormentosa situación, tomando cualquier tipo de riesgos.

Además de ser perseguida por la opinión pública, la sociedad y su pasado, nuestra heroína también será objetivo de las más altas esferas de la seguridad nacional de Suecia, quienes no dudarán en eliminarla para salvaguardar los secretos del Estado.

En muchas sinopsis leí algo así como “en este desenlace de la saga Millennium la tensión se dispara”. Para que lo sepan, aquellos que no la vieron ni leyeron la novela, aquí la tensión se esfuma por completo. Pero no es culpa del, nuevamente, director, Daniel Alfredson: De los tres, el último libro es, inobjetablemente, el más complejo para llevar a la gran pantalla. Ya conocemos bastante a nuestros protagonistas, ya no hay crímenes que resolver, ni tampoco sorpresivos y traumáticos dramas familiares.

El momento más explosivo de toda la trilogía sucede en los últimos 10 ó 12 capítulos finales del segundo libro y que, en mi opinión, fue totalmente desaprovechado en la adaptación cinematográfica (y aquí sí tiene culpas, Alfredson). No sé si Niels Arden Oplev hubiera hecho un mejor. Sólo sé que tuvo el atino de dirigir la primera parte que era la más sencilla de pasar al celuloide (vale recordar que la primera novela es una historia aparte, mientras que la segunda y la tercera están fuertemente unidas).

Lo que nos motiva a seguir leyendo el tercer tomo es esa sed de justicia y, mayormente, de venganza que el lector siente luego de sentir empatía y hasta cariño por Lisbeth. Por supuesto, otro de los motivos es saber cómo terminará la relación entre Lisbeth y Mikael. Esto mismo debe sucederles a aquellos que vieron las dos primeras entregas y les faltaba el epílogo.

El comienzo de La Reina en el Palacio de las corrientes de Aire es flojo: no porque no pasen cosas, sino porque pasan como si fuera hechos cotidianos y sin haber generado un mínimo de intriga previa para que, al menos, nos sorprendamos. Al terminar la primera hora de cinta, comienza a repuntar sin maravillarnos ni nada por el estilo. Queda en manifiesto el apuro de los realizadores por cerrar la saga y llevarse a su paso todo lo que obstaculice el camino, salvo desde el punto de vista fotográfico que ha sido lo más alto de toda la trilogía, después de su heroína.

Como puntos a favor, sí estoy de acuerdo con que se haya suprimido toda la historia paralela de Erika Berger (Lena Endre), con su pase a otro medio gráfico y sus asuntos del pasado e intimidad. Además, tiene toda una cuestión ética periodística y de lealtad, en el fondo, que a los que conocemos y apasiona la profesión nos puede llegar a interesar; pero dudo que sea así con el gran público. Sí tomó lo más relevante que fueron los mails anónimos.

Sin embargo, sigue acarreando los errores de su predecesora como presentar a Niedermann como un monstruo invencible o eliminar ayudantes fundamentales de Lisbeth, a lo largo de todo su camino. Además se dejaron afuera los distintos coqueteos y romances que, principalmente, involucran al “Kalle Blomkvist de los cojones”; como para darles otro ejemplo.

Por último, me hubiera gustado conocer más el trabajo y la intimidad de “La sección”, saber cómo operaban y cómo hicieron para mantenerse 40 años en el anonimato. Hay todo un universo muy rico de espionaje y corrupción que no fue nada explorado. También hubiera preferido una mejor utilización y explotación de todos los recursos que un thriller judicial puede brindar, a sabiendas de que la mitad de la obra se convierte en este subgénero.

Tal cual me pasó con la trilogía Infernal Affairs, también considero que ésta va de mayor a menor. Si David Fincher está seguro de continuar readaptando la obra sueca, debería tener en cuenta todos esos aspectos y hacer un mejor trabajo que sus colegas escandinavos, como también lograr un mejor desempeño personal que el que llevó a cabo con The Girl with the Dragon Tattoo. El desafío más grande, sin dudas, será para Rooney Mara (Red Social) quien, por lo menos, deberá igualar a una impecable y sobresaliente Lisbeth Salander, encarnada por Noomi Rapace (Prometheus).

Finalizando esta trilogía sueca, debo admitir que a cada minuto que corría la cinta, más ganas me daban de leer nuevamente la saga (algo que seguramente haga antes de que termine este año). Habiendo terminado con mis recomendaciones sobre Millennium, sólo me queda agradecerle al ya fallecido Stieg Larsson, periodista y escritor de las novelas, por devolverme la pasión por la lectura.

Ficha Técnica

Reparto: Noomi Rapace – Michael Nyqvist – Lena Endre – Annika Hallin.
Director: Daniel Alfredson.
Año: 2009.
Duración: 145 minutos.
Calificación El Guionista: 5.
Películas por catálogo: incluida.

Tráiler para Cine


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