jueves, 27 de septiembre de 2012

The Machinist

Creo que estarán de acuerdo conmigo en que existen muchas películas que uno puede ver mientras realiza cualquier otra actividad sin perder el hilo de la trama en ningún momento. Así, es posible darle play a Hulk, a ¿Qué pasó ayer? o a cualquiera de las Scary Movie y, al mismo tiempo, hablar con alguien por teléfono, boludear en Facebook, jugar al Angry Birds en el celular o discutir con algún miembro de la familia sobre cuánta cantidad de mortadela es conveniente comprar para la picada de esta noche. Y todo sin dejar de entender la película en cuestión. Ahora bien, también está claro que este tipo de películas se encuentra en uno de los extremos de la línea que cataloga al cine por su simplicidad. En el medio de este trazo imaginario encontramos al 95% de las películas que existen (a las que hay que prestarles atención y verlas sin ninguna de las distracciones antes enumeradas), mientras que en el otro extremo vendrían a ubicarse las más complejas de todas, aquellas que no solo requieren ese mínimo de atención que se necesita para ver una película, sino que además plantean la necesidad -y, en muchos casos, la obligación- de poner pausa, tomarse algunos segundos para asimilar lo que acaba de pasar o directamente rebobinar y volver a ver una escena completa. Este es el caso de excelentes cintas como Memento, Mulholland Drive y, claro está, nuestra recomendada de hoy: El Maquinista.


La historia gira entorno a Trevor Reznik (Christian Bale), un hombre de mediana edad que vive solo, no tiene amigos ni novia y trabaja en una fábrica metalúrgica operando maquinaria pesada. Pero la soledad no es precisamente el principal problema de Trevor. Su verdadera preocupación consiste en que, desde hace un año, Trevor es incapaz de dormir. Pero no es que -como nos ocurre a todos de vez en cuando- se acuesta, no puede pegar un ojo, da un par de vueltas, va al baño, da más vueltas y se termina durmiendo para despertar apenas unas horas después para ir a trabajar. No. Ha pasado todo un año desde que Trevor durmió, literalmente, por última vez.

Planteada esta particular situación inicial, la película procederá a contar todas las consecuencias -físicas y psicológicas- que este insomnio extremo le genera a Trevor. En primer lugar, su aspecto es lo que más impresiona a primera vista: estoy pensando en ponerme en contacto con Christian Bale para preguntarle qué tipo de dieta siguió como preparación para esta película, ya que no creo que su peso fuera superior a los cincuenta kilos durante el rodaje de El Maquinista. Trevor Reznik es, eufemismos a un lado, un esqueleto viviente.

Pero claro, este inconveniente no es más que el resultado o la manifestación visible del principal padecimiento de Trevor: un estado de demencia alucinatoria que lo llevará a actuar como él nunca lo creyó posible, afectando su trabajo, sus escasas relaciones personales y lo poco que le queda de cordura.

No se dan una idea de lo mucho que me gustan las películas de este estilo. Porque ya de entrada logran atrapar al espectador, quien no tiene más alternativa que compenetrase completamente con la historia mientras esta avanza (en este caso, con la permanente oposición entre lo que piensa y hace Trevor y la manera en que los demás personajes lo perciben y lo juzgan, poniendo permanentemente en duda qué es real y qué no), solo para desembocar en un final tan potente como el desarrollo mismo. Y si a eso le agregamos buenas actuaciones secundarias (no pienso redundar sobre la monstruosa capacidad actoral de Christian Bale) y el efecto medio sepia, medio blanco y negro con el que la película está filmada, creo que estamos en condiciones de afirmar que nadie debería dejar pasar esta verdadera obra maestra del cine moderno.


Ficha Técnica

Reparto: Christian Bale - Jennifer Jason Leigh - Aitana Sánchez-Gijón.
Director: Brad Anderson.
Año: 2004.
Duración: 101 minutos.
Calificación El Guionista: 8.
Películas por catálogo: incluida.

Tráiler para Cine


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